La contaminación en la ciudad de México
A finales de la década de los ochenta, el aire en Ciudad de México estaba tan sucio que los pájaros exhalaban un último trino antes de caer desde los árboles hacia la acera, con sus pequeños cuerpos rígidos como prueba de la peor contaminación ambiental del mundo. 

Esa era la historia que escuchaba una y otra vez cuando llegué por primera vez a la ciudad algunos años después. Nadie había visto esto, claro, pero el humor negro de esta leyenda urbana reflejaba un torcido orgullo de sobreviviente.Entonces el esmog comenzó a irse. El gobierno cerró una gran refinería y sacó a la industria pesada de la ciudad. Nuevas normas eliminaron el plomo de la gasolina y crearon incentivos para que la gente comprara autos nuevos y más limpios.
En lo que va de este año, la ciudad solo ha registrado 20 días “limpios”. El resto de los días el nivel de ozono y otros indicadores estuvieron por arriba de los límites impuestos por el gobierno.
¿Por qué reincidió? La contaminación simplemente no era una preocupación de la gente.

“Mientras las personas no se quejen y no sea muy visible, el gobierno no le da prioridad”, dijo Mario Molina, quien recibió el Premio Nobel de Química y es director del instituto de investigación en Ciudad de México que lleva su nombre. El instituto ofrece asesoría a las autoridades sobre las acciones que deben tomar.
Sin esa sensación de emergencia, las medidas contra la contaminación que pudieron haber hecho la diferencia hace años se estancaron. El gobierno federal, por ejemplo, se ha tardado en elevar los estándares de emisiones para los vehículos nuevos.
En abril la comisión ambiental regional decidió forzar el asunto al reducir el nivel de contaminación a partir del cual se declara la contingencia ambiental.
Y de un momento para otro todo el mundo empezó a hablar de la contaminación. Los programas de radio dan actualizaciones cada hora sobre cómo se elevan los niveles de ozono y señalan lo cerca que se encuentra la ciudad de estar de nuevo en contingencia. Los periódicos llenan las primeras planas con fotos de panorámicas urbanas envueltas en una sombra amarillo-grisácea. Los conductores publican fotos de vehículos que despiden humo sucio en Twitter. La vieja actitud de disfrutar las actividades al aire libre sin reparo ha dado paso a ansiosas verificaciones del mapa de la calidad del aire de la ciudad.
Hubo rumores de que el gobierno estaba importando gasolina sucia de China, pero los funcionarios se apresuraron a negarlos.
La nueva realidad llena de esmog ha llevado a las autoridades a ser más estrictas: las medidas de emergencia estarán en vigor hasta fin de mes, cuando comiencen las lluvias de verano.

Todos los días, el 20 por ciento de los autos de esta región deja de circular. El ozono y algunas partículas se han elevado tanto que la comisión ambiental de la Ciudad de México ha declarado ocho contingencias ambientales desde marzo, y ha impuesto reglas especiales que incluyen sacar de circulación al 40 por ciento de los vehículos.
Pero los conductores dicen que les están echando toda la culpa.
El núcleo del problema es la manera poco planificada en la que ha evolucionado más de 20 millones de habitantes.
En la ciudad de México vive cerca de 8,5 millones de personas, y el resto son habitantes de un gran crecimiento urbano que incluye de todo, desde conjuntos cerrados hasta barrios hechos de concreto. Sin embargo, los residentes de los vecindarios tanto ricos como pobres a menudo viven lejos de sus trabajos. Apenas una familia tenga el dinero suficiente para comprar un auto, no lo duda.
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muy buena noticia